lunes, 27 de agosto de 2012

Leyes Militares


Reformas a las leyes militares

General Brig. Ret. Pedro Sánchez Hernández
23 de agosto de 2012
     El sexenio agoniza; al morir, dejará un Ejército con bastantes heridas y cicatrices de guerra en lo físico, y con un gran resentimiento en lo moral.
Lo primero, o sea las heridas y cicatrices, lo representan los constantes ataques a la Institución. Ataques que como en otras ocasiones se ha dicho, no siempre son bien intencionados ni justificados, pues obedecen a intereses diversos. En muchos casos, atrás de esos intereses está la delincuencia organizada. En otros casos, los intereses están fuera de nuestras fronteras. En todo caso, el conocimiento de la verdad, está fuera del alcance de nosotros los simples mortales quienes sólo nos atenemos a las especulaciones sobre la poca información que nos llega a través de las publicaciones escritas o difundidas a través de noticias de radio y televisión. Lo que si nos queda claro es que los ataques al Ejército han sido constantes y encarnizados.
En lo moral, el resentimiento es provocado en quienes han sacrificado más de la cuenta un valor tan grande como es la libertad. En teoría esa libertad empieza con el modo de vida de un ciudadano moderno: trabajar 8 horas; asuntos personales, convivencia familiar, diversiones, etcétera, 8 horas; descansar o dormir, 8 horas. Sábados y domingos libres; vacaciones, puentes, días festivos, paros, huelgas. El soldado no cuenta con ese estilo de vida; lo sabe y está consciente de ello. Sin embargo el desahuciado sexenio les impuso una carga extra al enfrentarlos a una lucha contra un mal que crecía sin freno alguno. El soldado no preguntó si era función de él o de alguna de tantas policías; el soldado aceptó el compromiso por estar consciente que al final de cuentas estaría luchando por México. El encierro, el desgaste físico y el riesgo aumentaron de manera considerable, sin embargo, el soldado siguió adelante apoyando sin reservas a su comandante supremo en su lucha contra la delincuencia organizada y en contra de una gran parte de la sociedad que aglutinada en una verdadera “Quinta columna a la mexicana” rechazaron o se opusieron de alguna manera a la lucha citada.
Aunque el soldado está consciente también de que en su actuar no espera recibir agradecimientos o  felicitaciones por lo que es cumplir con sus obligaciones, sí le lastima en la moral, el percibir que al final su comandante supremo, de alguna manera le da la espalda.
Llueve sobre mojado, palo tras palo, presiones internas y de muy al norte, actúan esgrimiendo leyes contra el Ejército; día con día se cede a la presión y se mueven las leyes, siempre en contra. ¿Porqué no aprovechar éste fervor para trabajar también con la ley para favorecer en algo al soldado? Muchas cosas se podrían mejorar.
Eso me recuerda a dos generales con quienes tuve la oportunidad de trabajar a sus órdenes: Los generales Mario Renán Castillo Fernández y Rodolfo Reta Trigos; ellos sin detrimento de la disciplina, sin menoscabo de la autoridad que siempre irradiaron, supieron que el poder no sólo sirve para imponer o para sojuzgar, sino que el poder, también sirve para ayudar. Usaron el poder que el mando de tropas les dio en alguna ocasión y pudieron mandar bien,  pero,  sin perjuicio de ayudar a sus subordinados en sus necesidades, sin llegar a  quebrantar la disciplina.
Así en esta forma el poder de la ley, ahora en su fervor reformista, podría no sólo imponer o sojuzgar al soldado; podría ayudarle también.
Existen varios aspectos en los que podría llegar al soldado la ayuda con los cambios a la ley; sería largo exponerlos en éste trabajo, por ese motivo trataré sólo uno de ellos, dejando para trabajos posteriores los demás:
Pagas de marcha
Timbres del ahorro nacional; quienes como yo, hayan asistido a la escuela primaria en los años cincuenta del siglo pasado, recordarán aquellas planillas que nos eran proporcionadas en el salón de clases para que cada casilla se pudiera ir llenando con un timbre de 20 centavos. No recuerdo bien, pero al parecer se trataba de llenar las 25 casillas de la planilla, sumando la cantidad de 5 pesos a lo largo del año escolar; quienes lograran dicho propósito, recibirían otros cinco pesos producto de los intereses (Sí, entonces los bancos pagaban por usar nuestro dinero, ahora uno les paga por ese concepto) cabe decir que  nunca pude llenar la planilla, pero sí aprendí el concepto del ahorro. En casa, también recibí esa enseñanza hacia el ahorro. De joven y soltero oficial, poco pude practicar el hábito aprendido por imponerse la novedad de mi nuevo status personal de ser hijo independiente; sin embargo en la madurez forzosa que nos imponen el matrimonio y los hijos, tuve que echar mano del hábito del ahorro para hacer frente a los imprevistos y por tener la mira de un futuro mejor. Así durante mis años de oficial y de jefe aún joven, separaba de mi quincena lo que las circunstancias permitieran, llegando con el tiempo a tener un modesto capital en el banco; pero… ¿qué pasaba entonces? pues nada, que llegaba mi cambio de Unidad o de adscripción hacia un nuevo y distante lugar; ese cambio siempre llega de la mano con una interminable serie de gastos como pueden ser: entregar pintada y reparada la casa habitación donde se haya vivido, pagar y cancelar contratos diversos como luz, teléfono etcétera, comprar artículos para embalaje, rentar nueva vivienda en el lugar de destino, pagar depósito de renta, adquirir nuevas cortinas, nuevos contratos, inscribir en otras escuelas a los hijos, pagar nuevas cuotas, nuevas inscripciones, nuevos uniformes, nuevos útiles escolares, pagar cuentas de restaurante en lo que llegan los muebles, en fin, es una serie interminable de gastos en donde siempre fueron a terminar mis ahorros en un ciclo que no terminó hasta que fui retirado del servicio activo por edad límite. Fue el último cambio, fue el último ahorro perdido.
Recuerdo que en son de broma llegué a decir a mis amigos que al siguiente cambio demandaría a la Defensa por daños y perjuicios. Lo de la demanda era una broma, pero los daños y perjuicios eran y siguen siendo  reales.
La Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, señala en su artículo 206 que el Gobierno Federal proporcionará entre otras cosas las pagas de marcha. Aunque no dice que se hará en calidad de préstamo, en la práctica es eso, un préstamo pagadero a muy corto plazo que castiga más todavía a quien tiene la necesidad de pedirlo para afrontar los gastos del cambio.
Por eso me dirijo nuevamente a quienes atienden las presiones para modificar la ley, afectando  negativamente al Ejército y Fuerza Aérea, para solicitarles atiendan también los deseos y necesidades de las Fuerzas Armadas. En éste caso cambiar algunas palabras al artículo 206 antes citado para que se cumpla cabalmente y sean una prestación y no un préstamo, las Pagas de Marcha.